Se suele intentar justificar el (ab)uso del masculino genérico con el argumento de la «economía del lenguaje».

Sin embargo, incluso cuando, seguramente por casualidad, se da con una forma de expresión inclusiva a la vez que breve, alguien encuentra la forma de meter la pata.

Por si no se nota a que me refiero, «firma» es un nombre femenino lo que determina el género de las palabras que le acompañen en la frase.

¡Pues ya es complicado! Porque encima queda mucho más elegante

Firmas ivitadas

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