En agosto de 2015 un grupo de hackers hace públicos datos robados de la web de contactos Ashley Madison. Más allá del hecho de que se filtren datos privados de clientes y empresa, el caso adquiere gran relevancia por tratarse de un servicio de contactos “pensado” para facilitar la infidelidad a personas con pareja. Inevitablemente, esto dispara el morbo informativo, y algo que no parecería tener excesiva importancia en momentos de gran urgencia social provoca incluso el que se den casos de suicidios.

El gran gancho informativo gira en torno a que entre las personas registradas no hay sólo gente de a pie, pronto comienzan a aparecer cotilleos relativos a altas esferas. En España, sin ir más lejos, se filtran pantallazos que muestran cómo se habían tramitado altas desde cuentas de correo del Congreso, viéndose en este caso que figuraban tres mujeres y dos hombres.

A pesar de todo, el escándalo tiene clave masculina. El servicio, como suele suceder en estos casos, tenía mayor presencia de hombres, con polémicas pasadas por creación de perfiles falsos de mujeres para compensar. La vida virtual, como la real, sigue empeñada en reproducir los arquetipos de poder en los que la usabilidad puede tener asignado un género. En el caso del sexo y el estatus social, también.

Tal vez por este motivo en Eliminalia decidieron hace unos meses dibujar mediante su publicidad el perfil que debiera tener su clientela. Esta empresa, cuyos servicios son el rastreo y borrado de datos en la red, ha tenido una excelente campaña extra de difusión gracias al caso Ashley Madison, pero en julio de 2015 ya habían planteado en un spot a quién dirigían su mensaje:

La pesadilla máxima de todo hombre blanco que se precie: triunfador con posesiones (oficina acristalada, mujer y piscina), que de pronto se ve asediado por el temor de cambiar estas posesiones a peor (incluida la mujer por una maleta).

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Una respuesta al post.

  1. […] Publicación original: enIgualdade […]

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