Hay personas, como Mary Wollstonecraft, que nacen para dejar huella, aunque su rastro tienda a eclipsarse entre los silenciosos sesgos de la historia. Resulta profundamente sorprendente la disruptiva coherencia de esta mujer en todo lo que fue capaz de cuestionar, y hacer, en sus 38 años de vida… en pleno siglo XVIII.

Nació tal día como hoy (2 de junio) en 1759 y entre sus importantes legados se encuentra la Vindicación de los derechos de la mujer (1792), en el que argumenta en contra de la educación que se imponía a las mujeres para “mantenerlas” en posición de inferioridad respecto a los hombres. Dedica un capítulo completo a desarrollar un plan de educación nacional, el cual debía ser semi-público, semi-privado y co-educacional y desafía la obra Emilio (1762) de Jean Jacques Rousseau, que proclamaba que las mujeres no debían educarse para que razonen porque su función era la de proporcionarle placer al hombre.

Si bien con esta obra estableció las bases del feminismo moderno, lo realmente importante es el desarrollo pedagógico, y la didáctica, sobre la que de-construye argumentos y acciones. Porque no se trata de teorías desarrolladas desde una posición privilegiada ya que fue capaz de ejercer la independencia que proclamaba ganándose la vida con diversos oficios hasta conseguir dedicarse profesionalmente a la escritura independiente. Y en un contexto tan clasista y conservador como el Londres de la época. Sin duda no sólo proclamó sino que ejerció la libertad de pensamiento, palabra y obra.

Teoría pedagógica

La mayor parte de los intelectuales liberales y radicales de la época veían a la educación como la piedra angular de cualquier movimiento para la reforma social pero resulta revelador el enfoque desarrollado por Mary Wollstonecraft con respecto a las dos obras pedagógicas más influyentes en la Europa del siglo XVIII:  Some Thoughts Concerning Education (1693) de John Locke y Emilio de Jean-Jacques Rousseau. En Relatos originales y en otras obras sobre la educación, Wollstonecraft les respondió a las dos obras y expresó su propia teoría pedagógica.

Relatos originales cuenta la historia de la educación de dos niñas, Mary, de catorce años de edad y Caroline, de doce años, bajo la conducción de una sabia y benevolente figura maternal, Mrs. Mason (Wollstonecraft probablemente nombró a los personajes de la obra por personas de su vida real; había conocido y respetado mucho a una mujer apellidada Mason cuando se desempeñaba como profesora en Newington Green, y les había dado clases a dos niñas llamadas Mary y Caroline cuando trabajaba como institutriz para la familia Kingsborough en Irlanda. ) Después de la muerte de su madre, las niñas deben irse a vivir con Mrs. Mason al campo.

se define a la adultez como la habilidad de disciplinarse a uno mismo «construyendo cuentos con moraleja» de la vida propia. El extensivo uso de Wollstonecraft de cuentos inserrtados en el texto alienta a sus lectores a construir una narrativa moral extrayéndola de sus propias vidas, con un final predeterminado. Al final del libro, Mary y Caroline ya no necesitan una maestra porque han internalizado las historias que les había enseñado Mrs. Mason; ya conocen las historias que deben promulgar.

En Relatos originales Wollstonecraft usa el género floreciente de literatura infantil para promover la educación de las mujeres y la ideología emergente de la clase media. Sostiene que las mujeres pueden ser adultos racionales si son educadas de manera apropiadas de niñas (una creencia no muy común en el siglo XVIII) y contiende que el carácter distintivo naciente de la clase media es superior a la cultura de los cortesanos, representada por los cuentos de hadas y por el valor que se le da al azar y a la suerte según las historias escritas en los chapbooks para los niños humildes. Wollstonecraft, al desarrollar su propia pedagogía, responde también a las obras de dos pedagogos del siglo XVIII: John Locke y Jean-Jacques Rousseau.

Por cierto, Mary Wollstonecraft tuvo una hija con el filósofo William Godwin, uno de los precursores del movimiento anarquista, Mary Shelley, que dejó también un importante legado con su vida y obra, además de ser la autora de Frankenstein.

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