La última publicación de la ONU Mujeres es la guía estratégica “Empoderamiento político de las mujeres: marco para una acción estratégica en América Latina y el Caribe (2014-2017)”. La describen así:

la guía ofrece un marco para la acción para avanzar hacia la democracia paritaria y el empoderamiento de las mujeres mediante la promoción de la democracia paritaria a través de medidas afirmativas; la integración de la perspectiva de género en políticas, acciones e instituciones; el fortalecimiento del liderazgo de las mujeres mediante la capacitación y la generación de redes de mujeres; la promoción de la igualdad sustantiva en los partidos políticos; y eliminación de la discriminación y estereotipos sexistas en todos los ámbitos.

Un vistazo al índice, a algunas páginas al azar y a las conclusiones, y solo cabe racionalizar la frustración por tanto despilfarro. Resulta “didáctico” echar un vistazo a su apartado un poco de historia para ver cuantas vueltas se puede dar a la rueda y no avanzar.

Curioso también observar el masculino genérico del lenguaje que aparece ya en el menú principal de la Web, sobre todo teniendo en cuanta que esa fue una cuestión defendida “con éxito” hace más de cincuenta años:

Entre 1947 y 1962, la Comisión se centró en establecer normas y formular convenciones internacionales que cambiaran las leyes discriminatorias y aumentaran la sensibilización mundial sobre las cuestiones de la mujer. En sus aportaciones a la redacción de la Declaración Universal de Derechos Humanos, la Comisión defendió con éxito la necesidad de suprimir las referencias a “los hombres” como sinónimo de la humanidad, y logró incorporar un lenguaje nuevo y más inclusivo.

Más de lo mismo: demagógica ambigüedad normativa y política.

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