A principios del siglo XX las mujeres tenían fuerte presencia en el puerto y los muelles coruñeses en diferentes colectivos especializados en tareas directamente relacionadas con la pesca y con las mercancías, tanto las transportadas en barcos como las necesarias para su funcionamiento: carga, descarga, manipulación del pescado fresco, atención a las chabolas de los pescadores y sus aparejos de pesca…

No eran trabajos exclusivamente “femeninos” pero sí en los que las mujeres eran mayoritarias y contaron en numerosas ocasiones con la oposición de sus “compañeros” que llegaron incluso a protagonizar jornadas de huelga por lo que consideraban una intromisión en un terreno que consideraban propio, como la huelga de 180 pescadores coruñeses en el verano de 1904 en protesta para la supresión de armadoras, es decir, la no intervención en las operaciones de pesca, ni la intermediación entre los patronos y los traficantes, ni en la venta de pescado…

“La energía social”: el sindicato de las demandadeiras o mandadeiras

En realidad el nombre “mandadeiras” viene de que se dedicaron a hacer “mandados”, es decir llevar y recibir mensajes y envíos. El MRW de aquellos tiempos, pero con siete faldas y pañuelo en la cabeza. Las “buenas familias” tenían de mano una “mandadeira”, que pasaban de vez en cuando por la casa para ver si necesitaban algo. Pero no sólo llevaban mensajes, como se puede ver en las fotografías.

Demandaderas-2

Fue un colectivo muy numeroso que variaba en función del volumen de tráfico marítimo de pasajeros. Su momento álgido coincidió, como no, con el de mayor actividad flujo de la emigración hacia América.

Durante todo el tiempo de existencia de este “oficio”, estas mujeres tuvieron que hacer frente a un problema recurrente: la vulneración de sus derechos por parte de los hombres (los mozos en las paradas de coches y los estibadores en el puerto) que les impedían realizar su trabajo. Sus quejas aparecen de modo esporádico pero recurrente en prensa durante el primer tercio del siglo XX y siempre relacionadas con la falta de asistencia de los agentes de orden público. El papel de la prensa por aquel entonces era muy diferente…

Pero el mayor abuso venía del colectivo de hoteletos y fondistas por las estafas y comisiones ilegales que aplican a los viajeros que llegan al puerto. Entre las largas jornadas de duro trabajo y la atención de sus hogares y familias, estas mujeres tenían menos tiempo que los hombres para asociarse pero en junio de 1919 se unieron y constituyeron el sindicato La Energía Social para desenmascarar y denunciar públicamente los abusos y estafas.

¿No se realiza, con creces, esa explotación por cuantos obligados por la ley a tener a la vista las tarifas retíranlas cuando hay “barco a la vista”? ¿Y no es público también que hay quien cobra al pasajero cinco o más pesetas por baúl y pagan a la demandadera con seis reales, precio actual de tarifa? ¿O son acaso las demandaderas las que acompañan a los pasajeros cuando éstos van de compras a los comercios, para poder lucrarse con el veinte o veinticinco por ciento que abonan como comisión? Pues si esto hay, ¿a qué obedece la visita de los hoteleros y fondistas al gobernador? ¿Qué persiguen esos señores? ¿Qué es lo que se proponen? Pues sencillamente explotarnos a nosotras y a los pasajeros. Siendo ellos, como hasta aquí han sido los que se entendían con éstos, bien claro está que a lo que apuntan es que dicho estado de cosas continúen por su sólo y exclusivo beneficio.

Pero esto queda descubierto. Nosotras advertimos al gobernador y al pueblo que esos señores intentaron sorprender su buena fe haciéndole ver las cosas bajo un aspecto risible. ¡Moralidad! ¡Buena esté la moralidad, señores del margen! ¿O es que aspiran ustedes a acaparar el servicio? ¿Es así? ¿Hemos dado en el clavo? Pues en esta actitud continuaremos hasta conseguir lo que ustedes no podrán alcanzar, y aún cuando somos mujeres nos sobra energía para no dejarnos arrebatar lo que ustedes pretenden con su loca ambición y desmedrado egoísmo. Y conste que por hoy dejamos en cartera, a la expectativa, ciertos detalles que revelan que no somos nosotras las culpables de las quejas que formulen los pasajeros y de lo desagradable que a éstos se les hace su estancia en la Coruña.

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