Escuchando a las sensaciones

A los estereotipos les ocurre como a los paradigmas, amantes de la sustitución más que del recorrido, les cuesta asimilar y disfrutar el proceso de evolución. El porqué es simple: nos llevamos mal con la duda y la incertidumbre.

A la literatura sobre el liderazgo le sobran palabras y recetas y le falta, como dice Manel Muntada, tolerancia a la duda crónica que se utiliza para rastrear.

cuando se trata de opinar sobre temas de género experimento las mismas sensaciones sociales que con mi daltonismo. Independientemente del contexto y sea cual sea la opinión que emito, hay algo que emerge de mi propia condición que me hace dudar de que el enfoque sea realmente el acertado, de que no resuene, aunque sea de manera lejana, algún eco de mi educación patriarcal, y ahí es donde me encuentro espiando en los rostros de aquellas mujeres que están presentes, la serenidad de una aprobación que nunca me parece del todo suficiente. Tal es la duda que el daltonismo ha sembrado en mí y que hace que sospeche que no se halle de una manera u otra, extendido a otros ámbitos de mi percepción

Ante la duda, nada mejor que apartarse de la construcción cultural que nos atenaza para escuchar las propias sensaciones. Y eso hizo al sentir la confianza que le invadió cuando la voz de la comandante de vuelo rompió la ancestral masculinidad de la cabina y (además de las palabras habituales) compartió alegremente que aquél era el primer viaje después de una baja por su reciente maternidad.

Supongo que ahí proyecté aquella seguridad y autonomía a prueba de retos y ridículos desafíos masculinos, la contención de la impaciencia que se desprende de la tolerancia a la frustración y del cálculo del riesgo para la estabilidad y el bienestar de otros, la tenacidad discreta de quien antepone aquello que persigue a la admiración que despierta, la capacidad de escucha y la fortaleza suficiente para aceptar sugerencias y cambiar una decisión sin que se resquebraje por ello el yo. Algo que ya sé que no necesariamente ha de corresponderse con lo que cabe esperar de una persona por el mero hecho de ser mujer, pero que no por ello deja de tener su interés por referirse al arquetipo que tanto echo de menos en estos tiempos en los que reclamo y exijo otro liderazgo que se inspire e impulse unos valores distintos a aquellos que nos han llevado hasta dónde estamos y que creo más posibles desde lo femenino.

Sus dudas y sensaciones reconfortan, al menos a quienes nos consideramos apátridas respecto a la rigidez de las corrientes establecidas. Porque está (casi) todo por hacer.

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