… y la obligación de parecerse

Comprendo que en medio de aburridos actos protocolarios la cámara vuele tras la anécdota, pero lo que «sorprende» es el trabajo de documentación para acompañar a la noticia:

Sin haberlo pactado así, las conselleiras de Facenda y de Sanidade acudieron con el mismo vestuario a la entrega de las medallas Castelao.

Las políticas llevaban una falda calada y un top de seda de la firma gallega Adolfo Domínguez.

La falda costaba 134 euros, pero ahora en rebajas se vende a 89, y el precio de la blusa ha caído de 108 a 59 euros.

Igual es ironía encubierta, por esto de baremar la austeridad, y tal vez eligió la palabra «vestuario» por las connotaciones: trajes necesarios para una representación escénica. O también puede que sean amigas del diseñador gallego y estén haciendo país.

Aparentemente es más cómodo usar el mismo disfraz vestuario (foto de abajo) pero como no daban para la anécdota nos quedamos sin saber el origen y los precios.

La obligación de diferenciarse y la de parecerse… ¡todo tan mediocre!

 

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Una respuesta al post.

  1. […] Publicación original: enIgualdade […]

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