Todo es tan rápido que lo importante no arraiga. No sé dónde queda el tiempo de la tranquilidad para la reflexión, la tranquilidad de la convivencia con independencia de las diferencias y la diversidad.

No es fácil robarle a lo cotidiano ese espacio de conversación en el que construirnos. Comunicamos  sobre la marcha, “de paso que”, sin apenas tiempo para ser conscientes del intercambio de palabras y silencios que se enredan en la propia reflexión.

El tiempo para una charla tranquila no lo dan las tecnologías por sí mismas, lo pueden potenciar pero si nos quedamos en eso suena a compulsión: Hojas que antes de llegar al suelo se las lleva el viento”.

Ateniéndonos a lo que Javier Tamarit y Iago González representan en sus respectivos ámbitos profesionales, la calidad de vida y el cine, parecen encontrar puntos en común para repensar el punto de partida, para avanzar en ese impreciso ámbito de los derechos humanos. Porque…

la ciudadanía es muy reciente y de hecho somos todos muy vasallos, muy inexpertos, ciudadanos en ciernes…

Y, de repente, la ruptura con la caída del sistema que nos deja sin pautas nos ofrece la posibilidad de otra mirada y la oportunidad de convertirnos en exploradores, en viajeros de nuestra vida. Porque viajar es participar, convivir, sentir… Es relajación, contemplación, “ser” en vez de “ser llevado por”.

Las protestas en la calle son importantes como símbolo de unión pero, sobre todo, porque significa aceptar la responsabilidad de demostrar que no sólo somos, sino que también estamos. Porque bajo la apariencia de un problema económico lo que está en juego son los derechos humanos. Un paso atrás cuando apenas estábamos empezando.

Conversando con Javier Tamarit from enimaxes.com

Publicación original: Proxecto Máscaras

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