¿Y en la realidad?

Nunca veré A Serbian Film, por lo que no podré dar mi opinión sobre lo que parece ser que en ella se cuenta. Pero lo que sí puedo es opinar sobre quienes sí creen poder permitírselo.

No deja de sorprenderme la osadía de quienes se acogen al teatro del horror, desde cómodos y bien pagados sillones que permiten ignorar el terror. Porque no es lo mismo.

Y por acercarme a lo que parece ser el contexto de la película (que existe, al margen de valoraciones ético-morales), no es comparable el horror que sentimos por lo ocurrido en Bosnia que el terror de quienes lo padecieron. Sobre todo en su parte más refinada.

De la misma época fue otra corriente de horror mundial que levantó oleadas de críticas al autor de una tristemente famosa foto. Horror y críticas por haber hecho su trabajo, que no autocrítica por lo retratado.

Y tenemos otros horrores en vigor y sin fecha de caducidad a la vista, pero tertuliar sobre estas cosas deja mal cuerpo, mientras que demonizar a los autores o exhibidores de una película incentiva la satisfacción del deber cumplido. Y rentabilizado.

Sobre estas cosas se argumentaban, de blog a blog y tiro porque me toca, el Sr. Vigalondo y doña Concha. Dos monstruos, claro: premiado director, actor, guionista, bailarín y cantante el uno, con largo recorrido y actual portavoz de la Academia de las Ciencias y las Artes de la Televisión la otra.

Cuando en la tertulia se preguntaban airados “¿Qué está pasando en la civilización?”, no se referían a horrores como los antes mencionados, sino a al director de la película. Tras el visionado de la tertulia hay una cosa que me quedó clara: la culpa, como siempre, la tiene Internet. Porque… claro

Contenidos como estos son perseguidos por la policía en la red

De la misma manera que por Internet las escenas de pederastia no están permitidas…

Cada dos meses hay una redada de pedófilos que intercambian archivos bastante más suaves que esa película

Parece que no anduvo muy acertada y muy profesional la Campoy improvisando sobre un tema que “venía leyendo en un artículo por el camino”. Hasta un fan se lo hace saber en los comentarios en el blog. Con todo el respeto, cariño y admiración, eso sí.

Que la realidad supere a la ficción no es noticia porque obliga a posicionarse. Por eso mejor no comentar que gracias a la intervención del máximo poder judicial de Catalunya, abre sus puertas el macroprostíbulo más grande de Europa. Falta hace que algún negocio funcione y tribute. Tiempo tendremos para decidir sobre la legalización de la prostitución.

Cierto que yo también me pregunto que clase de “civilización” nos hemos montado. Pero la reflexión sobre la hipocresía moral en la que pretendemos camuflarnos cuando hablamos de cine, ya me tocó hace unos meses a cuenta del narcovídeo. Lo de las “líneas rojas en el arte“, que decía un tertuliano, me parece una banalidad en esta realidad de pacotilla, balanzas inclinadas y golpes de mazo.

Nota 1: Por cierto, aquí la opinión de quien sí ha estado en primera línea contando cómo fue Sitges 2010.

Nota 2: Ante las reacciones que ha generado la película, me parece interesante dejar aquí un segundo enlace de quien ejerció de cronista y cuyo análisis razonado me merece el mayor respeto.

Publicación original: enPalabras

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