El titular: Las trabajadoras domésticas de EEUU consiguen protección legal.

Lo primero que pensé: ¿Qué me perdí? ¿Tan mal está la cosa que en el afán de lucha contra la economía sumergida se están poniendo los americanos a «monetizar el trabajo tradicional»?

Pero no. Aquí la esencia de la noticia:

El 1 de este mes, el Senado del estado de Nueva York fue el primero en Estados Unidos en aprobar un proyecto de ley de Derechos de las Trabajadoras Domésticas, con 33 votos a favor y 28 en contra. El mismo garantiza estándares laborales básicos: pago de horas extra, descanso semanal, vacaciones y días libres por enfermedad. Y también protección contra la discriminación e indemnización por despido.

Mi subrayado:

… el 99 por ciento de las personas que trabajan en el servicio doméstico son extranjeras, 95 por ciento son negras o tienen otro color de piel distinto al blanco, y 93 por ciento son mujeres. Los activistas creen que la explotación del personal doméstico está arraigada en la cultura estadounidense, y que para mejorar las condiciones laborales la industria debe reinventarse en su totalidad.

Y ahora algunas ruedas de molino:

1. «Trabajadoras domésticas«: Hay al menos un 7% de hombres. ¿Por qué un titular en femenino? No, si lo digo por quienes se aferran al masculino genérico.

2. Percepciones y connotaciones: Se habla de trabajadores de la construcción, trabajadores del metal, trabajadores del campo. Esto de «trabajadoras domésticas»… ¿No suena un poco raro? De hecho luego hablan de «trabajo en el servicio doméstico», pero el titular ya jugó su papel.

3. «La explotación del personal doméstico«: Y digo yo, si Pedro (o Peter que hablamos de EEUU) decide renunciar a su empleo asalariado para atender a su hogar y a su familia y hace él todas esas tareas, sin vacaciones ni horas extra, sin salario, sin días de descanso… ¿estará también en situación de explotación? ¿Quién se beneficia de esta posible explotación: su pareja, toda su familia, el estado?

4. La cosa promete porque a la organización impulsora (Trabajadoras de Casa Unidas, con sede en Nueva York) se han unido… ¡13 sindicatos! Supongo que nos esperan sorpresas ya que no en vano hablan de «reinventar la industria en su totalidad«

5. ¿Aceptarán hombres en la nueva «Alianza Nacional de Trabajadoras Domésticas» que va a poner freno a los abusos de «los empleadores»? (no olvidar que el sueldo de «ellas» es un complemento a la economía familiar y si la cosa se pone chunga con los sindicatos, se renuncia, que no merece la pena)

6. Discriminación: ¿Será por eso que sólo hay un 7% de hombres? Habrá que hacer algo

En España, las empleadas domésticas también reivindican ese derecho y nos lo cuenta la responsable de un proyecto de Cáritas Vizcaya que atiende a estas trabajadoras, y que ha creado esta web para asesorarlas y ayudarlas a encontrar un trabajo digno. Algo no encaja. ¿Hablamos de la misma institución (con honrosas excepciones personales, como siempre) que sigue proclamando la suprema divinidad de las esposas y madres? Puede que quisieran decir «salario digno» en vez de «trabajo digno», algo que, en realidad, tampoco importa a las abnegadas amas de casa.

Me quedo con curiosidad por saber cómo se reinventa en su totalidad una industria que ni sabía que existía. Bueno, al menos como tal. Igual empezamos a hablar de procesos en lugar de seguir con los eufemismos de la conciliación, que por cierto siempre que me ha tocado dar una opinión al respecto he sido clara: La conciliación ES IMPOSIBLE. Se trata de cambiar percepciones, simplificar, decidir y elegir.

Por cierto, también es chocante eso de que «los activistas creen que la explotación del personal doméstico está arraigada en la cultura estadounidense«. Supongo que es lo que tiene creerse el ombligo del mundo.

Entre todo lo que anda mal, con el actual grado de descomposición del sistema, no es este un tema banal, pero no creo que debamos/podamos permitirnos el lujo de seguir montando más pistas de circo en este inmenso macro teatro. Sobre todo teniendo en cuenta que con el paro como destino, no le veo yo trazas a esa industria que supuestamente hay que reinventar. Porque, digo yo, si la sociedad está enferma,

¿no será mejor aplicarnos en las causas que en perfeccionar las funerarias?

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